Archivo | diciembre, 2010

Semen perdido ¡No al aborto mental!

31 Dic

Una sabia reflexión en pro del apuntamiento pensil.

Semen perdido. Como esas gotas compuestas por una millonada de pequeños entes reproductivos perdidos en papel higiénico se sienten mis desvanecidos pensamientos cuando no impregno sobre un cutre papiro una sandez idea con el fin de desarrollarla posteriormente.
Debo tomar notas de las rarezas que mi Yo emana. El planeta de los simios me lo agradecerá en un futuro. No puedo arriesgarme a tirar a la basura textos en potencia cuya lectura puede resultar tan placentera como la ingesta de dos litros de cerveza.
Me encuentro por ejemplo serio, reflexivo, oteando las telas de araña del techo y ahí aparecen, las bien denominadas sandeces mentales de rápida llegada. ¡Protejamos nuestras tontadas! ¡No al aborto mental!
Si quieres sentirte sano, si quieres hacer algo productivo en el campo del pajeamiento neuronal. Por favor, apuntalo, no derrames tu leche mental.

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La bala de La Mondonga

31 Dic

Dolía me la cabeza un día sí y otro también. Estaba preocupado, creí que los días de humano en este planeta tornaban a su fin a causa de un casi seguro mortal tumor que me convertiría en alma libre.
Caminaba no obstante tranquilo por la solitaria y húmeda calle de invierno. Todavía no había amanecido y en pocas horas me reuniría con unos amigos a celebrar que todavía sobrevivíamos al holocausto llamado humanidad. La espera de un bonito momento me hacía más feliz que el propio evento jovial.
Acabó la celebración, bebí unas copas de más y la vida continuó.
Un buen día decidí ir a hacerme unas pruebas a mi cabeza.
Llegó la cita final con el médico, era mi muerte, el comienzo del corto camino hacia una nueva dimensión.
Médico: “ No tiene porqué preocuparse, simplemente tiene albergada en su cráneo una bala. Seguramente alguien la introdujo allí a través de una pistola con silenciador mientras dormía. No sé si lo hicieron adrede o no, pero únicamente ha afectado a una zona a la cuál denomino (La Mondonga) Si una bala afecta a (La Mondonga) ocasiona que el sujeto desarrolle extraños relatos con un final completamente absurdo.”
Salí de la consulta con millones de toneladas de sentimientos de felicidad. No solamente iba a seguir vivo a no ser que dejase de hacerlo sino que iba a ser capaz de escribir relatos de la índole señalada por el médico.

Creo que escupieron en mi café…

29 Dic

De vez en cuando me vienen a la mente cosas raras. Elementos absurdos de extraña procedencia que provocan en mi innato comportamiento la necesidad de plasmar en un papelito el meollo de la a veces compleja trama de un microrelato que no pretendo dejar pasar y no plasmarlo a golpe de tecla.
La reflexión que toca hoy, porque así surgió mientras tomaba café tiene su origen cuando observaba mi matutino cortado en vaso de corcho blanco que mi hermano me había traído del bar. Generalmente suelo oler algunas cosas, no todas. Las de índole fecal y escatológica suelen producirme un tremendo respeto. Bueno, a lo que vamos. Tomé el vaso de café con mi mano derecha y percibí el añorado calor de una fría mañana de invierno. Acto seguido acerqué mi nariz a dicho recipiente y olisqueé su contenido. Es extraño, pero el olor primordial que emanaba del interior no era precisamente la leche caliente mezclada con café exprés, sino un cierto toque a saliva.
¿Saliva? ¿Y cómo sé a qué sabe la saliva? Reconozco que es una reflexión de lo más extraña y asquerosa, pero no lo puedo remediar, así vino a mi Yo desde algún mutante gen.
¡Alguien ha escupido en mi café! Fue lo primero que pensé.

Seamos realistas

29 Dic

Los pajaritos gobiernan nuestras cabezas…

Bajo mi condición de indigente camuflado, tras un año viviendo en el joven barrio zaragozano de Valdespartera me he percatado de un hecho que para nada me hace la más mínima gracia.
Valdespartera es un barrio conformado por cientos y cientos de pisos de protección oficial. Hasta hace muy poco creía, ingenuo de mí que los pisos de protección oficial eran un sano intento de los gobiernos para dar acceso a una vivienda digna de forma generalizada tal y cómo se intentó regular utópicamente en la constitución de 1978.
Durante el poco tiempo que llevo en este barrio, observo garajes, restaurantes, bares, perfiles de habitantes, etc, y me quedo perplejo de las conclusiones a las que llego.
Los garajes están repletos de coches más que aceptables. Los restaurantes o tascas más caras son las que más tarde cierran y las que más éxito tienen frente a los bares de precios humildes. En fin, mi impresión final se aproxima a lo siguiente:
Conclusión 1: Hoy en día para vivir con dignidad constitucional en un piso de protección oficial debes vivir con tu pareja y entre los dos los ingresos deben ir entre 3.000 y 4.000 euros al mes. De esta forma la pareja dispondrá de unos 2.000 euros al mes para disponer de ahorro familiar para destinarlo a vacaciones de 6.000 euros al año, colchón de imprevistos o invertir en los 300.000 euros que costará su hijo hasta que cumpla 18 años.
Conclusión 2: En el caso de que tus ingresos ronden los 1.000 euros al mes, y no dispongas de una pareja que complemente tu nivel económico, deberás vivir con tus padres hasta heredar su vivienda o compartir un viejo piso con dos o tres desconocidos.
Conclusión 3: También tu familia puede pagarte la vivienda de protección oficial o de otra índole convirtiéndote en un indigente camuflado.
Conclusión 4: ¿Por qué desde el gobierno se sigue vendiendo la patraña de que en España existe una sociedad del bienestar si no se cumple ni siquiera las premisas básicas constitucionales para llegar a tal término? Una cosa es no morir de hambre y otra muy diferente la sociedad del bienestar. No me importa que parejas de 1.500 o 2.000 euros por cabeza se lo hayan montado mejor que yo si no que solamente éstas sean las que puedan optar a un piso de protección oficial si realmente se pretende vivir dentro de los márgenes de la sociedad del bienestar.
Conclusión 5: Creo que sería más humilde y realista reconocer desde las altas esferas españolas que la sociedad del bienestar está todavía muy lejos, pero que se intentará llegar a ella a través del buen hacer y el esfuerzo global.
Entiendo como sociedad del bienestar aquélla en la que absolutamente todo ciudadano tiene derecho a una “vivienda digna”, a un trabajo “digno” hasta su jubilación, posibilidad de realizar al menos un viaje anual para conocer algo más que su pueblo o ciudad, capacidad económica para poder reproducirse si así lo decide, derecho a educación, sanidad, una jubilación “digna” y capacidad para sufragar los gastos derivados de una actividad social moderada. Y seguro que me dejo algo.
Un piso de protección oficial en Zaragoza, entre el crédito de la entrada, hipoteca y gastos comunes de la vivienda (comunidad, insumos, etc.) tiene un gasto fijo al mes de entre 1.000 y 1.200 euros.

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