Archivo | febrero, 2012

El Dios Suelo

18 Feb

Día a día nos cansamos. Estamos sujetos a una tremenda presión invisible que deteriora nuestros músculos y pensares.
Aún durmiendo estamos atrapados por ella, la fuerza pegajosa que nos somete cada instante de nuestra existencia material y que desgasta cada una de nuestras células.
Rompemos la rutina catando un buen Gin Tonic, una cerveza, una película, obra de teatro o una sesión de sexo en el barrio más pútrido de la ciudad. Pero la erosión continua de nuestro Yo basado en la química del carbono se hace acto sin saber todavía cómo combatirla.
Se trata del Pegamento Térrico, una atracción de todo aquéllo que purula sobre el sustrato dónde pacen las Vacas hacia las tripas de nuestro Planeta.
Solamente existe un elemento que protege al centro de la Tierra de ser colapsado por todos los objetos que se dan cita en la corteza planetaria… El Suelo.
Desde hace siglos, expertos edafológicos se han encargado de mimar al salvador de la base existencial.
¡Gracias Suelo! Eres el protector del núcleo terrestre. Sin tu ayuda, todo lo que conocemos acabaría pegado al centro de la tierra. Te doy gracias y te alabo cada vez que piso un chicle.
Neurona

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Extraño matrimonio

18 Feb

– Llevaba casada más de 18 años. Lo que ocurría era que me casé con un ser inanimado. Tenía forma de perro y era muy suave. Llevo mucho tiempo manteniendo esto en secreto, porque no se cómo van a reaccionar mis amigos y mi familia.
– Pero, su marido, ¿es un peluche?
– Bueno, en primer lugar, no es mi marido, ya que es de sexo neutro. Podríamos definirlo cómo mi «eso». Y, bueno, podría ser algo similar a un peluche con un bolsillo en el que a veces guardo mi móvil.
– De acuerdo, este punto me ha quedado claro. Ahora me gustaría que me explicase el tema de la boda. Es decir, ¿qué organismo se encargó de autorizar el casamiento? O lo que es lo mismo, ¿está regulada su situación con el peluche con bolsillo?
– Conocí a un funcionario del ayuntamiento durante mi estancia en el vertedero de Calamocha mientras realizaba el servicio de objeción de conciencia. Hicimos buenas migas ya que él tenía alergia a la cáscara de plátano y yo me encargaba de pelarle la banana en los postres. Fruto de nuestra buena relación, se encargó de todos los trámites para que mi matrimonio con Bonobi fuera legal.
– Bonobi se llama su marido.
– Eso, es decir, mi pareja, que no es mi marido, es eso.
– ¿Piensan tener hijos?
– Bonobi no puede, carece de esperma. Y no quiero que me fecunde ningún otro vertebrado, así que preferimos invertir todo nuestro amor en nosotros dos.
– Muy bien me parece todo lo que me ha contado. Me ha gustado mucho su sinceridad respecto a este secreto suyo. No se preocupe, que no se lo diré a nadie. Si quiere, mañana mismo puede comenzar a trabajar. Ya le diré la dirección de la Gestoría para el tema del papeleo.
– Muchas gracias señor, no sabe lo que me hace falta trabajar en estos tiempos de crisis, y más teniendo que mantener a Bonobi, porque al estar impedido, tengo que encargarme de casi todo. Él solamente puede llevarme el móvil.
Neurona