Archivo | junio, 2013

No queremos ser raros

1 Jun

Tengo la impresión que el miedo a ser anormales nos empuja a realizar actos irracionales.
Somos seres sociales y por norma general nos gusta encajar en dicho tejido, el social.
En los aspectos menos «fundamentales» en cuanto a las normas sociales se refiere, puede ser que no seamos tan reacios a desencajar, pero en los pilares básicos de nuestra sociedad, somos meros robots.
Aspectos menos «fundamentales» pueden ser el hecho de que a pocas personas les guste un tipo de bebida o comida pero a nosotros nos encante y aspectos «fundamentales» podrían ser por ejemplo el casarse y tener hijos.
Eyacularé a continuación, breve y neuronalmente algún pensamiento de mi Yo interno sobre los dos aspectos «fundamentales» anteriormente citados:

– Casarse: Partiendo desde la base que tu novio/a o marido/esposa no son realmente tu familia, y que tu familia real son tus padres, hijos y poco más, ya que tu pareja puede salir de tu vida en un abrir y cerrar de ojos, mientras que tu verdadera familia lo va a ser hasta las últimas consecuencias. No entiendo a ciencia cierta para que sirven las bodas, aparte de para comer, beber y que te paguen en muchos casos un viaje de 15 días. Es por ello que mi conclusión se centra en que queremos encajar. La mayoría de las parejas al final se casan y no queremos ser los raros de la película. Es una cuestión de vergüenza.

– Hijos: El panorama actual me da que pensar que a no ser que se esté bastante seguro de que estamos en condiciones de proporcionar una vida lo más digna posible a nuestros descendientes, es mejor no reproducirse. La vida digna casi siempre se traducirá en disponer de unos ingresos regulares y contactos suficientes para que nuestros hijos no caigan en la indigencia. Sin embargo, en muchas ocasiones esta reflexión nos la pasamos por el forro de nuestras gónadas. Queremos tener hijos, porque si dos personas se quieren, tienen que reproducirse y si no te reproduces, has fracasado en tu vida. Eso conlleva en muchas ocasiones a meter de forma egoísta en un grave problema a una nueva vida, ya que las condiciones que le rodean no sean las más propicias para su existencia. Como en el caso anterior, nos da vergüenza no reproducirnos. No dejar una huella genética en este extrañísimo mundo una vez salgamos de él es síntoma de fracaso.

Ignoro en gran parte si estoy en lo cierto, si la verdad existe o si soy un anormal profundo. Lo único que se, es que he escrito lo que a fecha de hoy emanaba mi interior. Seguiremos siendo por mucho tiempo robots basados en el carbono.

«El sinvergüenza basará su vida en la anormalidad y el vergonzoso sucumbirá a las garras de la sociedad.»

Neurona

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