Archivo | febrero, 2014

Comprensión de la muerte por Teletubi a secas

2 Feb

El concepto de muerte nos resulta instintivamente estremecedor y desagradable. Y es que la muerte entraña una pérdida, como tantas otras, pero su carácter definitivo e irresoluble la dota de mayor profundidad y fuerza. La pérdida de un ser cercano entraña dolor y pena, lo mismo que la propia pérdida de la vida.

El modelo Kübler-Ross no es el único, pero sí el más conocido sobre nuestro comportamiento y reacciones frente a este «problema». Según su planteamiento, se atraviesan varias etapas para asimilar completamente la pérdida producida por cualquier elemento que consideramos importante en nuestra vida: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. No se tienen por qué atravesar todas las fases ni ser esto una verdad hegemónica en todas las culturas, pero puede servir como punto de partida para analizar y comprendernos dentro de nuestro ámbito cultural.

Y es que el pesar por la muerte de alguien cercano es perfectamente entendible puesto que sigues vivo como testigo de esa ausencia. Puedes extrañar o necesitar estar con esa persona perdida, y solamente te queda su recuerdo como bálsamo para aliviar el dolor. No obstante, al miedo por la muerte propia sí cabe una réplica inicial: ¿Para qué preocuparse?

Los no religiosos deberían tener asumida la no existencia, mientras que los que sí son religiosos tienen fe en la reencarnación o el «más allá». Entonces, ¿por qué nos causa tanto desazón nuestra futura muerte?, ¿por el conociento de la misma?

El hecho de sentir la muerte como algo que nos rodea nos ayuda a percatarnos de su gravedad pero, por lo dicho anteriormente, el tener un «plan B» (entendimiento de la muerte como definitiva o la creencia en una continuación de la vida) debería mitigar esa sensación. Desde mi punto de vista, la muerte en sí no es lo que nos preocupa, si no su propia definición de ‘no vida’. Una vez muerto no puedes seguir experimentando la vida que conoces y también sabes que, por reciprocidad, tus seres cercanos te extrañarán como tú harías con ellos en su lugar.

Por eso es tan importante vivir, percatarse de lo bueno que esto conlleva, disfrutar en todo momento de todo aquello que te rodea y, lo más importante, tener una meta para tu existencia. No solamente se trata de deleitarse de nuestra existencia y el conocimiento de la misma, si no que esta debe tener unos objetivos definidos: saber qué hacer con tu vida y qué aportar con ello a la humanidad en general, y a amigos y familiares en particular.

Exprimir las horas de cada día para darles un sentido es lo más útil para afrontar el fin con el menor miedo posible. Es por ello por lo que, aprovechando la excusa del año nuevo, podemos crear e intentar nuevos propósitos. Hacerlos efectivos ya dependerá de otras cosas.

Por Teletubi a secas.

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Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes(Chavela Vargas)

2 Feb

El otro día tuve conocimiento de esta frase y me pareció digna de análisis.

En nuestra sociedad se suelen ver hombres con pasado entablando relaciones con mujeres con futuro. Desde algunas fuentes, se intenta proporcionar una explicación biológica a este fenómeno, a saber: el macho, animal polígamo, tiene el instinto de localizar a hembras jóvenes y fértiles para asegurar la supervivencia de la especie; que en la crisis de los cuarenta el hombre tiene la necesidad de sentirse vivo, rejuvenecido, etc. Así, de toda la vida han proliferado varones que, al alcanzar su plena madurez, han seducido a hermosas jovencitas que se han visto atraídas por el poder de la experiencia. Estas situaciones siempre han sido consideradas como normales y corrientes.

Sin embargo, Chavela Vargas da la vuelta a la tortilla y plantea el caso opuesto como opción más «interesante». Y ciertamente no hay nada nuevo bajo el sol y estas situaciones siempre se han dado, e incluso han sido llevadas a la gran pantalla en películas como El Graduado (The Graduate, 1967) o la más reciente Mi segunda vez (The Rebound, 2009). También en la prensa rosa aparecen algunos casos de famosas, como Madonna o Demi Moore, que se han emparejado con hombres más jóvenes. Sin embargo, y aquí es donde quiero hacer hincapié, este tipo de relaciones se comentan como algo extraño, sospechoso y exótico.

Y claro, las comparaciones entre los dos casos son inevitables (y odiosas).Si el hombre maduro es un «don Juan» moderno, la mujer con pasado es una asaltacunas pervertida; y si la mujer joven es una persona inteligente que sabe valorar a un caballero (aunque, todo hay que decirlo, en muchas ocasiones se la tacha a la ligera de aprovechada que busca liarse con alguien que tenga dinero… ¡maldito machismo!), el hombre con futuro que se lía con una mujer varios años mayor es un «yogurín», un chaval con el gusto distorsionado, que no sabe lo que quiere y al que se lo han ligado (y han engañado) de mala manera.

Así la sociedad juzga y condena de antemano las relaciones a las que se refería Chavela Vargas. Por eso, muchos casos permanecen en la clandestinidad, no salen a la luz; y es lógico. La mujer teme los comentarios de reproche (lo dicho: ¡maldito machismo!) y al hombre no le apetece que la gente de su círculo le mire con gesto divertido y le suelte aquello de: «¿Te gustan las maduritas, eh pillín?»

En resumidas cuentas, viva el amor libre de prejuicios,y, como dice Joaquín Sabina, «que cada uno haga con su polla y con su coño lo que quiera».

José María Lerín

Párame estos ciclos – Por Teletubi rojo

2 Feb

Cada año, cada mes, cada día, todo va a peor. De cuatro millones de parados a cinco, de cinco a seis y… creo que dan algún premio con el siete.

Y sin embargo mucha gente parece seguir pensando que esto pronto acabará. «Si no es en este año, será para el siguiente»; «Todo son ciclos»; «Es lo que sucede con la economía». No obstante, estas elucubraciones son erróneas.

Es cierto que en la economía hay ciclos, pero es fácil olvidarse o desconocer de que son un efecto y no una causa. El hecho de que en la economía existan temporadas de crecimiento de capital ascendentes intercaladas con otras descendentes corresponde a las consecuencias de la propia lógica del capitalismo. Y este sistema ideológico no es eterno porque en su naturaleza también se encuentra la autodestrucción.

Es decir, habrá un fin. Un fin del capitalismo o un fin de la civilización, a elección nuestra. Esta conclusión aseverada aquí tan rotundamente deriva de una consecuencia propia de esta ideología. Y el factor principal de origen es el mismo que el de esos misteriosos ciclos, el cual esbozaré a continuación.

La ideología capitalista está basada en el crecimiento como motor propulsor. A mayor crecimiento mayor velocidad, y es ahí donde reside el problema. Porque crecer más no significa crecer mejor, e ir más rápido no permite controlar tan fácilmente la conducción.

De hecho, la búsqueda del mayor crecimiento posible se traduce en una persecución del beneficio a corto plazo, el cual acaba concentrándose, a través de especulaciones, en varias áreas productivas o financieras. No obstante, y al igual que cuando se labra un campo intensamente y en exceso, esas áreas tan prometedoras acaban secándose y quedándose inertes. Este suceso es lo que conocemos como «burbuja».

Mientras crecen las burbujas se generan un periodos de supuesta bonanza. Y al reventar se generan periodos de depresión proporcionales a la etapa anterior. En esos momentos la economía está perdida en la búsqueda de una nueva burbuja, hasta que se encuentra. De ahí el origen de esos ciclos que tantos pueden considerar espontáneos y ley de vida. Los ciclos provienen de las burbujas y éstas son originadas por la ideología capitalista. Por tanto, la existencia de estos periodos de crisis no es algo que tengamos que sobrellevar como algo inevitable. Basta con erradicar el origen («muerto el perro, muerta la rabia»)

Conforme se esquilman los recursos, y de acuerdo con ese sistema económico, es más difícil encontrar una burbuja. Una vez acabada la penúltima burbuja (la inmobiliaria) y con la última burbuja en plena implosión (inversión en deuda pública con dinero público desde manos privadas) solamente nos queda el abismo. Un abismo del que no se puede especular tan fácilmente.

Y es que el hecho de pensar y actuar a corto plazo y de una forma tan agresiva ha garantizado un problema estructural en el futuro. El sistema económico imperante es autodestructivo y tarde o temprano nosotros, como humanidad, tendremos que decidirnos por una de las dos alternativas que se abren ante nosotros: civilización o capitalismo.